viernes, 2 de mayo de 2014

cierta edad



Alcanzar una cierta edad tiene su lado positivo. Pierdes algunas cosas por el camino, pero ganas otras.
Te asaltan sentimientos extraños que enseguida se hacen tus amigos y comparten contigo veladas llenas de ternura.
Aprendes a ver el mundo de otra manera. Tus emociones adquieren formas jamás imaginadas. Te pierdes en tu propia ganancia de experiencia.
Sólo precisas un instante para aprender a saborear cada momento que te regala la vida.
Te centras en lo que verdaderamente importa y te importa. No te andas con rodeos a la hora de sentir.
No buscas atajos para llegar cuanto antes a tu destino. Paseas sin prisa, apoderándote del paisaje y regalándote gestos entrañables.
No buscas aprobaciones innecesarias. Aprendes a no engañarte cada mañana al levantarte. Te dejas llevar siempre que el aire sea de poniente
No te cuesta encogerte de hombros al reconocer que no sabes algo, ni extender tu mano para ayudar al que ves que pierde el equilibrio.
Afinas en esa búsqueda de la chispa que encienda nuevas ilusiones y te haga encontrarte a ti misma sin perder un ápice de tu esencia.
Aprendes a erizar tu piel con el simple roce de una mirada perdida.
Aprendes a vivir y a que te vivan…


domingo, 27 de abril de 2014

corriendo

Hay días en los que me levanto con la sensación de haber hecho las cosas demasiado rápido. Desde primera hora de la mañana corriendo... desayuno en escasos 5 minutos  y en minutos contados: ducha, vestirte, maquillarte, recoger habitación....y sigues corriendo hacia el metro y así continúas hasta dejarte caer de nuevo en la cama.

El problema es que al final de día se queda una con la sensación de no saber si en realidad has hecho lo que debías hacer, o una vez más la prisa se ha impuesto al recuerdo.

Me fascina y asusta a partes iguales la inmediatez con la que vivimos. Ojalá fueramos conscientes del AHORA. Pero es que ni siquiera es eso. Es el YA. Y, a veces, hasta el ya es pasado. Lejos de disfrutar o sufrir el minuto que acabamos de despedir, o incluso el que está andando todavía, ya estamos pendientes del que está por venir.

Y terminamos indigestando las emociones. Y a la mente le da un ataque de flato. Y aún así seguimos engullendo sin masticar lo suficiente, aún a riesgo saborear cada vez menos los momentos. Es lo mismo que escribir rápido y mal. Con mala letra e ignorando las pausas.

El problema es que creo que la mayoría de las veces no nos damos ni cuenta. La misma sensacion de cuando dejas de ver una camiseta porque ha quedado condenada en el fondo de un cajón y ni siquiera la echas de menos porque tienes una muy parecida. Tenemos demasiado y todo muy similar, así que la cantidad nos sirve más bien para muy poco.
Ojalá lográsemos estirar el tiempo. Pero no. Vivimos con la inmediatez pisándonos los talones. Porque si te descuidas apenas unos minutos, casi todo habrá pasado de página.

Y a mí esto ya me cansa. Ni siquiera nos paramos un instante a descansar. Hemos decidido (o mejor dicho han decidido por nosotros) que la vida sea un "preparados, listos, ya" en vez de una carrera de fondo. Me preocupa proque llegará un momento en que no entendamos lo que es la paciencia, mucho menos madurar las ilusiones, fermentar los sueños con la levadura de la esperanza.

Y lo malo es que a los que vienen detras de nosotros los estamos mal acostumbrando. Porque lo quieren todo y el problema es que lo quieren ya. Y cuando digo ya, me refiero a que no ha terminado el ya y ya quieren otra cosa. Hemos conseguido que no tengan capacidad de concentración alguna, que su realidad se apretuje en los 10 minutos de una partida con una consola. Que haya muy pocas cosas que les ilusione, porque han descubierto mucho antes de lo que les correspondía que todo pasa.

Estamos demasiado rodeados de los  "venga, venga, que es tarde" o "esto lo quiero para ayer". E igual es que hemos ganado megapixels de resolución, pero el precio a pagar ha sido olvidar el pellizco de emoción que sentíamos cuando había que esperar a recoger el carrete en la tienda de revelado.

Es difícil disfrutar la espera cuando tenemos a nuestro alcance mucha más cosas de las que somos capaces de asimilar. Es como una mesa abarrotada de comida... hay tanta comida, y aparentemente tan golosa, que comemos con la vista en vez de con la barriga. Y nos empachamos. Y nos atragantamos. Y ya no sabemos distinguir un miedo de la angustia. Ya no sonreimos hasta que duela la cara, ya no cerramos los ojos cuando escuchamos una canción que nos encanta... si estamos un tiempo sin hacer absolutamente nada pensamos que es tiempo perdido y quizá no sea así....tengo la sensación de que ya casi todo es ansiedad... ansiedad a secas y en mayúsculas. Y es una auténtica pena.. De tanto correr rápido y sin apenas mirar, cualquier día de estos nos vamos a dar un batacazo que nos dejará completamente noqueados.

jueves, 17 de abril de 2014

¿que cuantos años tengo?

¿Que cuántos años tengo?
¡Qué importa eso!
Tengo la edad que quiero y siento!
La edad en que puedo: Gritar sin miedo lo que pienso…
Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso, o lo desconocido…
Pues tengo la experiencia de los años vividos
y la fuerza de la convicción de mis deseos.
¡Qué importa cuántos años tengo!
¡No quiero pensar en ello!
Pues unos dicen que ya soy viejo, y otras “que estoy en el apogeo”.
Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice,
sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.
Tengo los años necesarios
para gritar lo que pienso,
para hacer lo que quiero,
para reconocer yerros viejos, rectificar caminos y atesorar éxitos.
Tengo los años en que el amor,
a veces es una loca llamarada,
ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada ..
y otras… es un remanso de paz, como el atardecer en la playa .
¿Qué cuántos años tengo?
No necesito marcarlos con un número, pues mis anhelos alcanzados,mis triunfos obtenidos, las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones truncadas …
Valen mas que eso…
¿Qué cuántos años tengo?
¡Eso a quién le importa!
Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento!!.
Qué importa cuántos años,¿cuántos tengo, o cuántos espero… ?
Si con los años que tengo…
¡Aprendí a querer lo necesario y a tomar sólo lo bueno!

José Saramago

domingo, 6 de abril de 2014

querido tiempo...

Querido tiempo:

Cuantas veces te he escuchado decir que teníamos que hablar, que tú te encargas de poner cada cosa en su sitio. Que todo es cuestión tuya... cuestión de tiempo.

Que si todo lo curas.  Que tus agujas, aún sin tener punta, son las que mejor cosen las heridas. Que eres relativo. Que lo que hay que hacer es emplearte, no matarte. Que arrieritos somos y en el camino me lo encontraré..... Que tú sabes volar y que puedes enseñarme...que incluso sabes escaparte sin me despisto un poco. Que siempre te regale como algo valioso, porque jamás te dejas recuperar. 

Pero, querido tiempo, es que no habíamos contado con un pequeño detalle. 

Y es que el mundo está mal repartido desde hace mucho tiempo (valga la redundancia), desde el primer momento de todo, primer día del año, primer día del mes, primera hora del día...... Y mira que no quisiera ser yo la que te impaciente ni la que cuestiones tus tiempos, tus repuestas....
Pero es que se van agotando las vidas para seguir jugando en el tablero de las ilusiones. Y he aprendido que pedirlas prestadas no te hace avanzar más rápido de pantalla en el juego Que sigo atascada en el nivel de principiante, en el nivel básico.

Porque a veces una se cansa de esperar y prefiere que la esperen. Que me gustaría meter las manos en los bolsillos y no sacarlas. Ni extenderlas. Que tanto he tirado de otros carros que el mío me lo han robado por no aparcarlo en el sueño correcto.

Querido tiempo. Tú que tienes alas, que guardas todos los archivos del pasado, que te dejan fisgonear por la mirilla de la vida futura, que organizas los horarios del presente, ¡qué trabajo te cuesta prestarme tu goma de borrar! que hay cosas que me gustaría quitar del papel de mi vida o por lo menos difuminarlas. Y si no, acuerdate y llévate el marcapáginas del libro de mi biografía y así puedo pasar página.

Hagamos una cosa. Tú me pones el reloj en hora. A ver si así no llego tarde a la vida de la gente. O mejor.  Me dices cuál es mi sitio y yo me pongo. Pero que no me pongan, querido tiempo. Y recuerda que yo sólo quiero reirte, disfrutarte, saborearte, estirarte cuando te portas bien.... pero tú te empeñas en tirarme pedruscos. Y así ni siquiera hay forma de tropezarse. Simplente a un mal paso te caes de bruces.

Así que si quieres seguir teníendome como amiga, ayúdame a tomar las cosas con calma, frena tu ritmo cuando asi deba ser y permíteme sentir que los minutos valiosos desde el primer segundo al último, y cuando quiera que las horas vuelen, acelera por favor tu marcha y aléjame de los momentos turbios.

Yo prometo que te cuidaré en mi persona, que a pesar de días, meses y años que llevemos compartidos, intentaré aparentar desde el punto más profundo de alma, corazón y cabeza que has pasado sencillamente rozándome, sin desgastarte y sin desgastarme.

Y que así sea......

sábado, 29 de marzo de 2014

no, no sabe nadie

No, no lo sabe nadie. No saben cuanta pasión nos generan ciertas cosas, no saben como pensamos, no saben como actuáriamos ante cierta situación, ni cual será nuestro siguiente paso. No saben hasta que punto somos capaces, capaces de lo que sea, eso no importa, capaces, ni saben cuanto podemos abarcar, cuanto cabe en nosotros, cuando rebosamos cuando nos llenamos o cuando nos vaciamos.

No lo saben. No saben a cuanta impotencia podemos llegar a dar cobijo, ni saben en que punto exacto perdemos el control y nos dejamos dominar por un impulso, por una corazonada. No saben cuan difícil nos resulta muchas veces equilibrar los ánimos. Ni saben cuando nos gusta a veces ser incluso absurdos, porque no saben si lo somos o no.

No saben que porcentaje de risas desearíamos descomponer en lágrimas, ni cuanta cantidad de lágrimas querriamos transformar en risas, ni saben si ni siquiera podríamos conseguirlo. No saben en que momento no nos movemos por pasotismo, por vergüenza, por desconfianza o simplemente por prudencia. No saben cuando nos movemos por impulsos, por deseos, por desesperación, por costumbre....

Y no lo saben porque no son como nosotros, están hechos de otra materia.

A ellos quizá les muevan cosas como la ganas de poseer, de aparentar, de sobresalir.. y lo que buscan más bien sean riquezas materiales, que quizá en ciertos momentos puedan estar bien.... yo por lo menos no lo niego. Pero creo que nosotros,  aunque suene a topicazo, tenemos claro que no es realmente lo importante, ni siquiera lo que deseamos en estos tiempos turbulentos y angustiosos que nos toca vivir, salvo para tener la opción de mandar muchas cosas a la mierda... pero quiero seguir creyendo que los valores los tenemos en otro escalafón muy diferente al suyo.

Escrito por uno de mis bloggers favoritos:  "Yo no pido mucho, sólo necesito un alma para que me reconforte, una persona que esté aquí y qué entienda mis manías, que aprenda a sobrellevar lo más indómito de mi carácter y que bien sepa que algunas veces, a ciertas horas y en ciertos momentos, me transformo en lo que tanto llegue a odiar".. y tener gente así alrededor creo que constituye el mejor de los tesoros.. porque ese apoyo puede llegar a salvarte de caer en el abismo y también puede ser la mejor compañia en esos fantásticos viajes hacia las estrellas en que pueden convertirse los mejores momentos. Y ellos sí, ellos si que saben......

lunes, 17 de marzo de 2014

vivir es eso.....

 
..... Y un día entiendes que vivir es eso. Frenar en medio de la ruta y quitarte las zapatillas de correr, con las que estamos intentando correr más que el propio tiempo incluso.
Y llega la hora de caminar descalza, sintiendo la tibieza de la arena, la suavidad de la hierba.. y hasta el calor del alfalto.
Abrirte toda y empezar a sentir la adrenalina, dejar que su combustible te recorra desde la cabeza a los pies. Esquivar o al menos intentar engaña a las imposiciones. Usar la esencia de los buenos momentos y de los instantes mágicos a mi antojo.
Y llega la hora de subir el volumen de la música y bajar el de los problemas. Bailar como si fuera una religión y confiar en la buen gente sin necesidad de plegarias. Sudar en satisfacción y ganar en orgullo.
Y llega la hora de estirar las ganas de descubrir, de descubrirte. Reírte de tu propia torpeza. Y volver a tropezar cuando deje de hacerte gracia. Y llorar tanto o mas, pero sin motivo. Dejar salir las lágrimas sencillamente ante la belleza del sentir.
Y llega la hora de entender que ya es demasiado tarde para vivir de las reliquias de tu memoria y demasiado temprano para dejar de crear nuevos quizás.
Saber hacia donde quieres ir, pero abandonarte a la improvisación. Sincronizar y dejar de transmitir en diferido.. porque hay que vivir en directo... es obligatorio estar en el momento y dejar de girar la cabeza buscando las excusas en el pasado y las dudas en el futuro.
Y así de repente un día entiendes que no hay quien entienda lo que es vivir. O cómo quiere vivir el resto de la gente. Pero sabes con certeza cómo quieres hacerlo tú.

domingo, 16 de marzo de 2014

pruebas..




Querer hacer las cosas bien y no saber como  hacerlo....
Y así es, asi es esta vida que nos toca vivir......porque la vida nos pone pruebas continuamente y no le importa si estamos o no preparados para afrontarlas. Te lanza al abismo sin red protectora y en la caida tienes que aprender a aferrarte a los salientes del pozo para evitar estamparte contra el fondo del mismo.
Y es esa misma vida que sin importarle un pimiento te estampa contra la dura pared, te ofrece ayuda creando vínculos especiales con aquellas personas que están destinadas a disfrutar cosas contigo. Si las circunstancias no salen como las esperas, no queda más que aferrarte al presente y a todas las personas importantes que con sus consejos, ayudas o simplemente "puesta a disposición" de oidos, te permiten seguir aprendiendo, continuar con esa dura lección que supone muchas veces el día a día.. y sobre todo te dejan ser como eres, mostrarte tal cual..... con tus risas, tus sonrisas, tus lágrimas y tus enojos.
Gente que con su sola presencia te ayuda a olvidar o por lo menos a empequeñecer tus arranques de angustia y desesperación.
Son las personas que, pase lo que pase, a estas alturas de tu vida ya han dejado una huella inborrable, una marca que te ayuda a reconocer momentos compartidos, momentos que te hicieron crecer como persona. Y llegado este punto no nos podemos permitir el lujo de esperar  a que la vida nos depare situaciones que están fuera de nuestro alcance para ser agradecidos, al contrario, hay que hacerlo cada día y en cada momento, aunque la palabra gracias no salga de tu boca, porque en realidad no hace falta. Basta muchas veces con un sólo gesto, con una mirada.... La vida es demasiado corta y no podemos permitirnos el lujo de quedarnos esperando a que llegue una oportunidad idónea.