jueves, 18 de febrero de 2016

ofrece paragüas de colores...

Miramos de un lado a otro. Esperando que pase ese algo que cambie nuestras vidas para siempre. A la espera de una emoción, de un amor, de una sonrisa o una mirada. A la espera de un vuelve o de un quédate. Palabras innecesarias cuando quien se va es por voluntad propia y, en el fondo, nunca quiso quedarse. Esperamos a gente que se ha ido y ha vuelto, pero, ya sabéis lo que dicen, que quien se va no vuelve aunque regrese.
Debemos empezar a disfrutar del momento. No pensemos en el futuro, agarremos el presente. Aprovechemos los días desde el principio hasta el final. Exprimamos los días. No nos perdamos la vida. Déjate llevar de vez en cuando. Sorpréndete a ti mism@ y deja que te sorprendan. Haz lo que sientes en todo momento y no te arrepientas de nada. No te dejes pisotear. No dudes de ti mism@. Nunca.



Ama sin medida. No esperes a que ese sentimiento sea recíproco. A veces, no lo es. Y no es peor que no se hayan enamorado de ti, sino que tú nunca hayas amado. No te conformes si no estás conforme. Pelea hasta que te sangren los nudillos y estés satisfech@ con el resultado.
Llora cuando tengas ganas de llorar y di te quiero cuando las mariposas de tu estómago lo lancen hasta tu boca sin poder parar esas palabras. No te atragantes, suéltalo. Baila cuando tengas que bailar y ríe cuando tengas que reír. No importa lo escandalosa que sea la carcajada, pues nunca importó lo dolorosa que fue la caída.
No intentes controlar tus sentimientos. Son indomables, y eso es lo bonito. Lo inesperado es lo que da miedo, pero a la vez es lo que más nos puede sorprender. Y más bonito es seguir a pesar del miedo. Lo más bonito es no darse por vencid@.
Regala sonrisas, miradas, palabras de agradecimiento y besos. Guiña el ojo u ofrece un paraguas de colores a alguien que tenga un día gris. Deja guardada una sola cosa para las personas que se la merecen; un “te quiero”. Deja el “te quiero” para quien quiera escucharlo de tu boca y de tu corazón. Para tu familia y amigos. Para quien nunca te tenga que decir un “quédate” y a quien nunca le tengas que rogar un “vuelve”.
Porque eso significará que ni se ha ido ni ha tenido esas ganas. Eso significará que siempre quiso quedarse

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