sábado, 4 de julio de 2015

las leyes de la vida

Las 4 leyes de la Vida:
Primera ley:
“La persona que llega es la persona correcta”, es decir que nadie llega a nuestras vidas por casualidad, todas las personas que nos rodean, que interactúan con nosotros, están allí por algo, para hacernos aprender y avanzar en cada situación.

Segunda ley :
“Lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido”. Nada, pero nada, absolutamente nada de lo que nos sucede en nuestras vidas podría haber sido de otra manera. Ni siquiera el detalle más insignificante. No existe el: “si hubiera hecho tal cosa hubiera sucedido tal otra…”. No. Lo que pasó fue lo único que pudo haber pasado, y tuvo que haber sido así para que aprendamos esa lección y sigamos adelante. Todas y cada una de las situaciones que nos suceden en nuestras vidas son perfectas, aunque nuestra mente y nuestro ego se resistan y no quieran aceptarlo.


Tercera ley:
“Cualquier momento que comience es el momento correcto”. Todo comienza en el momento indicado, ni antes, ni después. Cuando estamos preparados para que algo nuevo empiece en nuestras vidas, es allí cuando comenzará.

Cuarta ley:
“Cuando algo termina, termina”. Simplemente así. Si algo terminó en nuestras vidas, es para nuestra evolución, por lo tanto es mejor dejarlo, seguir adelante y avanzar ya enriquecidos con esa experiencia.
Creo que no es casual que estén leyendo esto, si este texto llegó a nuestras vidas hoy; es porque estamos preparados para entender que ningún copo de nieve cae alguna vez en el lugar equivocado.

finales

Hay finales temidos, buscados, perdidos. Finales que duelen y te parten el alma en mil pedazos. Finales descafeinados, salados y amargos. Finales que alivian, que rompen y que encuentran. Finales odiosos, sigilosos y desesperantes. Finales que te despeinan y te dejan sin aliento. Finales que se llevan consigo una parte de ti por siempre y finales que adivinan nuevas canas en tu piel. Hay finales inacabados, finales que desnudan amistades y ponen sobre la mesa verdades inexorables. Hay finales de todos los colores, inocuos y fugaces. Hay finales incluso que pueden llegar a durar toda una vida y finales que sin pedir permiso se sientan a dormir contigo cada noche mientras tú le preguntas a la luna qué fue de aquel tiempo donde eras tan feliz. Hay finales…finales al fin y al cabo.

viernes, 3 de julio de 2015

SER

En el colegio nos enseñaron miles de cosas absurdas y estúpidas que olvidamos con el tiempo. Fórmulas imposibles que intentábamos memorizar y aplicábamos sin saber muy bien para qué demonios nos serviría aquello en algún futuro.

Nos enseñaron a sumar, a restar, a dividir y a multiplicar. Nos enseñaron de literatura,  de lo importante qué es la lectura y nos llenaron la cabeza de elementos químicos y físicos que con suerte, cuando pasen los años recordaremos en aquella tabla famosa de nombre periódica. 

Nos iniciaron en el maravilloso mundo de otras lenguas sin ni siquiera dominar la nuestra. Nos enseñaron de todo y nos enseñaron de nada. Porque olvidaron lo más importante.

Olvidaron enseñarnos de valores, de ética, y de amor. Nos enseñaron a escribir “Te quiero” sin hacernos entender la importancia del respeto, la amabilidad y el buen hacer. Olvidaron enseñarnos cómo sanar la envidia, cómo recomponer un corazón roto y cómo creer en uno mismo. Olvidaron enseñarnos cómo ser feliz y aunque eso sea tarea de cada uno, olvidaron al menos ayudarnos. Olvidaron hacernos entender que el éxito no está en lo que uno hace, tiene o consigue. Sino en lo que uno es. Porque el ser está por encima de cualquier pretensión y de cualquier aspiración banal que hace que por las mañanas vayas en un cochazo o en un autobús lleno de gente.

Olvidaron educar a nuestra alma y a la voz que muchas veces grita sin sentido. Olvidaron dibujarnos unos ojos amables y a ceder el paso sin importar la espera. Olvidaron enseñarnos a deshacernos del odio. De cuidar de los mayores, de los pequeños y del aire que respiramos, y olvidaron enseñarnos a sentir la magia de cada amanecer y la gracia de cada luna.
Olvidaron enseñarnos que la pérdida forma parte de la vida y olvidaron enseñarnos a secarnos la lágrimas con dignidad.

Nos enseñaron que lo importante era participar pero olvidaron decirnos cómo asumir una derrota sin que sonase a fracaso. Nos enseñaron a conjugar los verbos y ni siquiera somos capaces de usar  el más importante con miramiento y honestidad. No nos enseñaron a amar. Al menos, no a amar de verdad.

Nos criaron bajo un consumismo estúpido haciéndonos sentir mediocres si no teníamos más que el de lado. 

Olvidaron llenar nuestra piel de valor y nos prohibieron cientos de cosas olvidando la más importante: la rendición. Porque cuando uno se rinde todo termina. Y olvidaron enseñarnos a sumar nuestras caídas como parte de un camino que hacía de nosotros un cúmulo de experiencias divididas. De experiencias sabias que determinaron en un momento cualquiera, la estación precisa de nuestro corazón.

Y es que el trabajo más importante del mundo no es ser astronauta, médico o dentista. Ni dedicarte a la limpieza ni a la enseñanza.El trabajo más importante es ser y no tener miedo.

domingo, 14 de junio de 2015

puertas....

Puertas que se abren. Puertas que se cierran. Cosas que llegan. Cosas que se van.
La vida es un continuo ir y venir de estados, de etapas, de sensaciones, de sentimientos
Nos empeñamos en creer que todo es permanente, pero no lo es. Se transforma. Se nos escapa de los dedos en un solo instante. Da igual lo que luchemos por contener el vendaval, cuando llega, arrasa y a veces, solo a veces, termina con todo.
No se puede controlar todo, es más, a veces no controlar nada, es la mejor solución.

Lo importante es no dejarse vencer. Es saber que la opinión de unos, no siempre es la real. NO. Es mantenerse firme. Es alentar los sueños. Es mirarse en un espejo y confiar en la imagen de lo que se ve.
La vida es algo más que un trabajo. Cuesta, es cierto, pero es algo más. Cuando un trabajo te convierte en esclavo, se pierde la ilusión y la implicación.
Lo que tengo claro es que no hay que tener miedo. Porque lo que nos ocurre no siempre depende 100% de nosotros, depende de tantos factores que se escapan de nuestro control que no vale la muchas veces hacer un drama de ello.
Lo que tenga que ser, será. Y si se cae pues toca aprender de cada caída, que te hace grande. Hay que aprender a relativizar.
La vida es tan corta y tan bonita; el tiempo cuesta tan caro para perderlo; la libertad es tan preciada…que lo mejor es levantarse y sonreír
Como si no hubiera un mañana.

martes, 19 de mayo de 2015

Tiempo

Nunca sabremos cuando es tarde y nunca sabremos cuando es pronto. La vida no tiene término medio y estar en el medio no sirve de nada. Hay que aprender a situarse y a mirar cada instante cuál es el lado de la vida que nos apetece disfrutar.
Las opciones las eliges tú y casi siempre son dos, la que creemos que es buena y la que creemos que es mala, siempre dependen de nuestra mente o de nuestro corazón. ¿ A quién hacemos caso ?, ¿qué opción es la correcta ?, ¿cuál elegir?
Respira… piensa… y decide… pero no tardes demasiado porque la vida es como un reloj que no da marcha atrás, todo el tiempo que pierdas será imposible recuperar.
El día que tú tiempo y tu vida se estén parando, te darás cuenta del tiempo que perdiste, pero ya no tendrás ninguna opción de dar marcha atrás… ni de seguir adelante.

lunes, 4 de mayo de 2015

se busca ....

Lo que más pesa suelen ser los sentimientos. Por eso quizás no podemos con ellos y los vamos arrastrando con nosotros, hasta que se desgastan del roce y se van perdiendo a trocitos por el nuevo camino que intentamos recorrer.
La pena, la culpa, la decepción… Todo lo negativo lo atamos a nuestra espalda. Nos hace avanzar más despacio. Hace que parezca que no vamos a llegar nunca a ese lugar que ni siquiera sabes dónde está.
Y lo peor es pararse y sentarse encima de ellos. No hay descanso posible sobre ruinas llenas de cantos que se clavan.
Así que arrastremos, para fortalecer el alma, hasta recuperar la ilusión que todo lo puede.
¿No la veis? Seguid buscando.