lunes, 25 de abril de 2016

esa persona que brilla en tu vida....

De todas las personas que se cruzan en tu vida, hay alguna que destacan por encima de las otras. No tiene súper poderes, ni grandes recursos, ni tampoco respuesta a todas las preguntas de la humanidad. Simplemente tiene un brillo especial.


No te será muy difícil reconocerla, sea cual sea su género o apariencia física. Es la personas que está al otro lado de la mesa con un café dispuesta a escuchar eso que no para de dar vueltas en tu cabeza, la que analizan tus preocupaciones punto por punto. El nombre que te viene a la mente cuando hay algo importante que contar, el primer número que marcas cuando la luz de alerta roja se enciende, la primera conversación de Whatsapp que abres para decir que no estás bien.
Es la que se alegra de tus triunfos aún más que tú, aquella que siempre busca un motivo para verte, aquella que te hace reír sin proponérselo y cambia tu mal humor en un instante. Incluso puede ser aquella con la que pueden pasar días o semanas sin hablar, pero la primera en acudir a salvarte cuando así lo necesites. Es esa persona que un día tomó un camino diferente al tuyo, pero siempre habrá algo que os mantenga unidos.
Es esa a quien no le tiembla la voz al explicarte que te has equivocado, la que dice lo que no te gustaría escuchar y tú, a regañadientes, tienes que aceptar que no le falta razón. La que conoce tus límites, tu cabezonería,  los propósitos que no cumplirás y los que alcanzarás aunque tú no lo creas. La que respeta tus silencios, esa cuyos abrazos son un bálsamo cuando las palabras no pueden aliviar el dolor. Sabrás perfectamente quién es por esa sensación de seguridad que te invade al saber que no te va a juzgar, por esas conversaciones a horas intempestivas, por esa sonrisa cuando por fin apareces, aún a sabiendas de que mentías al decir que “estabas saliendo de casa”.
Y aquí viene lo bueno: pueden estar en cualquier lugar. La reconocerás porque brilla por encima de todas las demás. Puede que haya crecido contigo, que os hayáis conocido en la universidad, en el trabajo,  es esa persona que no te promete amistad eterna, sino que lo demuestra, es esa persona que tiene debilidades, que se equivoca, que te necesita.

martes, 8 de marzo de 2016

Mujeres

Nunca exigimos igualdad, demostramos con hechos que nada nos diferenciaba ni nos diferencia de ellos. Éramos y somos capaces de abarcarlo todo, sin quejas ni lloros, demostrando que las debilidades son sólo producto de la mente. No somos más que nadie, no somos menos que cualquiera, somos simplemente uno de los seres más fuertes del planeta. Con los mismos derechos, las mismas obligaciones y luchando siempre por las mismas oportunidades. Madres y/o trabajadoras, sin barreras ni límites. Feliz día internacional de la mujer a todas, las que hicieron, hacemos y harán historia.

*fuente: La pequeña testaruda*



sábado, 5 de marzo de 2016

las puertas por las que el dolor desaparece...

Quizá la mayor facultad que posee nuestra mente sea la capacidad de sobrellevar el dolor. El pensamiento clásico nos enseña las cuatro puertas de la mente, por las que cada uno pasa según sus necesidades.

La primera es la puerta del sueño. El sueño nos ofrece un refugio del mundo y de todo su dolor. El sueño marca el paso del tiempo y nos proporciona distancia de las cosas que nos han hecho daño. Cuando una persona resulta herida, suele perder el conocimiento. Y cuando alguien recibe una noticia traumática, suele desvanecerse o desmayarse. Así es como la mente se protege del dolor: pasando por la primera puerta.

 
La segunda es la puerta del olvido. Algunas heridas son demasiado profundas para curarse, o para curarse deprisa. Además, muchos recuerdos son dolorosos, y no hay curación posible. El dicho de que «el tiempo todo lo cura» es falso. El tiempo cura la mayoría de las heridas. El resto están escondidas detrás de esa puerta.

La tercera es la puerta de la locura. A veces, la mente recibe un golpe tan brutal que se esconde en la demencia. Puede parecer que eso no sea beneficioso, pero lo es. A veces, la realidad es solo dolor, y para huir de ese dolor, la mente tiene que abandonar la realidad.

La última puerta es la de la muerte. El último recurso. Después de morir, nada puede hacernos daño, o eso nos han enseñado.

-El nombre del viento, Patrick Rothfuss-

miércoles, 2 de marzo de 2016

Nada dura eternamente

Sabemos que nada dura eternamente, que lo que hoy es presente, mañana puede ser pasado. Qué no hay un guión escrito sobre nuestra vida con final predecible. Qué la vida no es más que eso, cambios constantes, subidas y bajadas que se producen sin avisar y que nos hacen perder el equilibrio de vez en cuando. Por ese motivo hay que cuidar y mimar a quien nunca falla, a quién siempre está, lo necesitemos o no en ese momento.


Charcos...

Cuando era niña solía buscar mundos en los charcos. Me acercaba poco a poco al borde y miraba lo que había en su interior. Ese fascinante reflejo. Me quedaba observando como la realidad que yo veía ante mí se duplicaba como por arte de magia. Entonces cerraba los ojos y saltaba sobre el agua, soñando que en lugar de sentir la fría tierra contra mis talones , un día conseguiría entrar en ese universo que parecía abrirse ante mis pequeños pies. ¿Os cuento un secreto?. Hoy lo he vuelto a hacer. Ante la mirada atónita de un solitario paseante. Me he mojado las medias, el vestido, y el abrigo. Me ha dado igual. Este charco-bosque lo merecía. Y la sensación de sentirme niña de nuevo, aún más.
(Belén de Benito)

viernes, 19 de febrero de 2016

con la edad....

Hay cosas que se aprenden con los años, como a no depender de otra persona para ser feliz.

También se aprendes a no generarte expectativas inalcanzables de la gente; siempre van a terminar por decepcionarte, y no es por ellos, es por uno mismo que los idealiza a tal grado que terminan por no llenar todas esas expectativas. A ser uno mismo sin tratar de impresionar a los demás, agradarse a sí mismo, antes que a los demás; porque para ser honestos, ¿cuanto tiempo puedes disimular una pose? La gente que te rodea sabe el tipo de persona que eres y lo que realmente vales, más allá de las apariencias, lo material y las máscaras que uses. 

 Aprendes a rodearte de gente que realmente te importa y vale la pena, personas que tengan intereses, valores y educación afines; no se trata de elitismo o segregación, pero no puedes sostener una charla interesante más de quince minutos con quien no tiene nada en común contigo, o asistir a reuniones con personas que hablan sobre cosas absurdas y sin sentido para ti, eso de ir por la vida sintiéndote el negrito en el arroz es para adolescentes; ya no estamos en edad de complicarnos con tonterías y menos dejar entrar a nuestra vida gente que no aporte nada y sólo venga a desgastar, convirtiéndose en una carga emocional y moral. 

Tras los años aprendes que en cuestión de amor y amistad, no se trata de cantidad, sino de calidad, que los amigos verdaderos son pocos pero se cuidan con el alma, porque ellos son parte de tu vida, de tu esencia, son el reflejo de lo que tu eres y los hermanos que elegiste para hacerte mejor persona. Aprendes que el sexo sin amor también se disfruta y no necesariamente es malo, pero no por eso puedes permitirte saltar de cama en cama; porque cuando se mezclan el amor y el deseo, el sexo es mucho más placentero y gratificante que una simple y vacía noche de paso, que amanecer en los brazos de la persona que amas es hacer trascender el placer más allá, a simplemente desparecer en la madrugada o despertar en una cama desconocida, sin un nombre que recordar. 
Con los años aprendes que si el dinero no te da la felicidad, es necesario para vivir de manera holgada, cubrir necesidades y cumplir algunos gustos; valoras el dinero en su justa dimensión, no se trata de ser avaro o interesado, pero sí de ser un poco ambicioso y no conformista, porque puedes volverte un mediocre sin más aspiración que tomar lo que la vida pone en tu camino. 

Aprendes que estudiar una carrera no te garantiza obtener un buen trabajo y menos aún, el éxito profesional; todo ello no necesariamente es cuestión de oportunidades y menos de suerte, sino de esfuerzo diario, de generar esas oportunidades y atreverte a tomarlas, es cuestión de prepararte y seguir estudiando, imponerte nuevos retos y alcanzarlos, para así, sentirte exitoso y satisfecho contigo mismo.

 Con el paso de los años aprendes a disfrutar tus logros, entiendes que la vida está hecha de etapas, y llega el momento en que disfrutas y valoras más los pequeños placeres de la vida, como detener tu paso una tarde y disfrutar un buen libro mientras beber un café y ver caer la lluvia, sentir la brisa que moja tu cara, el olor a tierra mojada; valoras escuchar a la gente con más experiencia y tener la oportunidad de aprender algo de ellos; llegar a tu casa un viernes tirar la ropa en el suelo y lanzar los tacones lejos, sentir el frío del piso bajo tus pies mientras descorchas una botella de vino, disfrutar su sabor justo al mirar como cae el atardecer y da paso a la noche; con la edad haces cosas que no podías hacer cuando eras más joven, como pasar por las tiendas y solo porque algo te gustó comprarlo, no porque lo necesites, sino por el placer de hacerlo; tomar tu maleta un fin de semana y perderte en un lugar extraño o exótico, conocer nuevos países, otras culturas, diferentes costumbres o simplemente tirarte toda la tarde en alguna playa solitaria y no preocuparte por que sabes que te ganaste cada hora de descanso y mereces disfrutarlo… y pudiera seguir así, detallando esas innumerables cosas que he aprendido a valorar.

Y así amaneces un día, sintiéndote un poco mas viejo, pensando que eres más sabio, o menos estúpido.



(la trompuda)

jueves, 18 de febrero de 2016

ofrece paragüas de colores...

Miramos de un lado a otro. Esperando que pase ese algo que cambie nuestras vidas para siempre. A la espera de una emoción, de un amor, de una sonrisa o una mirada. A la espera de un vuelve o de un quédate. Palabras innecesarias cuando quien se va es por voluntad propia y, en el fondo, nunca quiso quedarse. Esperamos a gente que se ha ido y ha vuelto, pero, ya sabéis lo que dicen, que quien se va no vuelve aunque regrese.
Debemos empezar a disfrutar del momento. No pensemos en el futuro, agarremos el presente. Aprovechemos los días desde el principio hasta el final. Exprimamos los días. No nos perdamos la vida. Déjate llevar de vez en cuando. Sorpréndete a ti mism@ y deja que te sorprendan. Haz lo que sientes en todo momento y no te arrepientas de nada. No te dejes pisotear. No dudes de ti mism@. Nunca.



Ama sin medida. No esperes a que ese sentimiento sea recíproco. A veces, no lo es. Y no es peor que no se hayan enamorado de ti, sino que tú nunca hayas amado. No te conformes si no estás conforme. Pelea hasta que te sangren los nudillos y estés satisfech@ con el resultado.
Llora cuando tengas ganas de llorar y di te quiero cuando las mariposas de tu estómago lo lancen hasta tu boca sin poder parar esas palabras. No te atragantes, suéltalo. Baila cuando tengas que bailar y ríe cuando tengas que reír. No importa lo escandalosa que sea la carcajada, pues nunca importó lo dolorosa que fue la caída.
No intentes controlar tus sentimientos. Son indomables, y eso es lo bonito. Lo inesperado es lo que da miedo, pero a la vez es lo que más nos puede sorprender. Y más bonito es seguir a pesar del miedo. Lo más bonito es no darse por vencid@.
Regala sonrisas, miradas, palabras de agradecimiento y besos. Guiña el ojo u ofrece un paraguas de colores a alguien que tenga un día gris. Deja guardada una sola cosa para las personas que se la merecen; un “te quiero”. Deja el “te quiero” para quien quiera escucharlo de tu boca y de tu corazón. Para tu familia y amigos. Para quien nunca te tenga que decir un “quédate” y a quien nunca le tengas que rogar un “vuelve”.
Porque eso significará que ni se ha ido ni ha tenido esas ganas. Eso significará que siempre quiso quedarse