
La vida te frena cuando intentas ir más deprisa de lo que te permite. Y
tendemos a correr demasiado en todo. A ser eficientes y eficaces. A
cumplir. Pero se nos escapan demasiadas cosas, a mi parecer.
Pasamos
páginas sin captar los mensajes, sin sacar conclusiones, sin captar
algún tipo de lección. Y continuamos en una carrera de fondo que ya no
parece tener sentido por momentos. Pero seguimos porque tenemos que
hacerlo, aunque sea tarde, mal y a rastro.
Devoramos las horas de
cualquier manera y en base a cualquier motivo que nos anime a persistir.
Y lo damos todo, hasta que pinchamos como un globo que se queda sin
aire y no encuentra unos pulmones que le ayuden a volver a crecer. Y se
acumulan decepciones porque no reculamos.
En el fondo sabemos (sé) que es a veces la culpa es nuestra (mía), por habernos guiado por los pájaros que anidan en nuestra
cabeza, inyectándonos ganas para seguir en algo que ya no tiene
fundamento. Pero somos (soy) así. Unos ilusos (ilusa) empedernidos. Y esa maldita
ilusión es la causa de nuestro desajuste, pero el origen de la
vitalidad.
Las paradojas de la vida. Lo mismo que nos mata, es lo que a veces necesitamos para salvarnos.